Cerrar el año con bienestar: cómo reducir el estrés y aceptar las metas no cumplidas

El cierre de año suele traer balances, estrés y autoexigencia. Desde Salud Circular compartimos recomendaciones para terminar el año priorizando el bienestar, la salud mental y los hábitos saludables.

El cierre de año como una oportunidad para cuidar el bienestar

Con la llegada del fin de año también aparecen los balances personales y laborales. Es común preguntarse qué objetivos se cumplieron, cuáles quedaron pendientes y qué desafíos deberán esperar al próximo año. Aunque este ejercicio puede ser útil, la forma en que enfrentamos estas reflexiones influye directamente en nuestro bienestar. Cuando predominan la autoexigencia, la culpa o la sensación de fracaso, aumenta el estrés y disminuye nuestra capacidad para disfrutar este periodo.

Desde Salud Circular creemos que cerrar el año también es una oportunidad para reconocer los avances, valorar el camino recorrido y cuidar nuestra salud física y emocional.

Priorizar el bienestar por sobre la exigencia Sandra Lanza Sagardia, presidenta de Fundación Salud Circular, explica que el bienestar debe convertirse en una prioridad durante esta época del año.

Es natural mirar hacia atrás y evaluar lo que alcanzamos y lo que no. Sin embargo, es fundamental hacerlo desde la compasión y no desde la autoexigencia. Priorizar el bienestar nos permite cerrar el año con mayor calma, cuidar nuestra salud física y emocional, y comenzar el siguiente ciclo con más energía.

Aceptar que no todas las metas se cumplirán en los plazos esperados no significa conformarse, sino reconocer que las circunstancias cambian.

La vicepresidenta de Fundación Salud Circular, Carla Bonatti Paredes, comparte algunas acciones sencillas que pueden favorecer un cierre de año más equilibrado:

1. Priorizar el descanso: Dormir lo suficiente ayuda a disminuir el estrés, mejorar el estado de ánimo y favorecer la recuperación física y mental.

2. Soltar lo que no depende de nosotros/as: Aceptar que existen situaciones fuera de nuestro control permite reducir la carga emocional y evitar un desgaste innecesario.

3. Mantener hábitos saludables: Una alimentación equilibrada, actividad física regular e hidratación adecuada contribuyen al bienestar integral incluso durante las celebraciones.

4. Darnos momentos de autocuidado: Dedicar algunos minutos al día para respirar, caminar, leer o simplemente descansar ayuda a recuperar energía y disminuir la tensión acumulada.

5. Reconectar con las personas importantes: El fin de año también puede ser una oportunidad para fortalecer los vínculos familiares, de amistad y comunitarios, factores estrechamente relacionados con una mejor salud y calidad de vida.

Cerrar el año no debería medirse únicamente por la cantidad de metas cumplidas. También es importante reconocer los aprendizajes, la resiliencia y la capacidad de adaptarnos a los cambios.

En Salud Circular promovemos una visión de la salud que integra el bienestar físico, mental, social y comunitario. Terminar el año puede ser una oportunidad para construir un propósito.

Cambio de hora en Chile: cómo adaptarse a través de una buena higiene del sueño

Carla Bonatti Paredes, vicepresidenta de la Fundación Salud Circular, advierte sobre la importancia que tiene el buen dormir en el bienestar físico y emocional de las personas.

En el contexto actual, donde el estrés y la vida acelerada son parte del día a día, asegurar un buen descanso nocturno debe convertirse en una prioridad para la salud de las personas. Dormir bien es una herramienta poderosa para proteger el cuerpo y la mente, y el cambio de hora es una excelente oportunidad para revisar y mejorar nuestros hábitos de sueño.

Dormir menos de 7 horas durante la noche o tener un sueño poco reparador no solo afecta la concentración, el ánimo o la productividad, sino que también puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades crónicas como la hipertensión, diabetes, obesidad y depresión.

Carla Bonatti Paredes, enfermera y vicepresidenta de la Fundación Salud Circular señaló que con el cambio de hora, que será una realidad a contar del próximo sábado,  muchas personas experimentan alteraciones en su ritmo circadiano, lo que puede afectar temporalmente su estado de ánimo, la concentración y el sueño.

“Los efectos negativos de los retrasos o interrupciones del sueño incluyen lentitud, baja capacidad de atención, menor sociabilidad, estado de ánimo deprimido, disminución del sueño profundo, menor consumo de calorías durante el día, aumento del hambre y menor sensación de saciedad, resistencia a la insulina y menor rendimiento. Si bien dormir de 7 a 9 horas por noche en adultos puede parecer suficiente, la calidad del sueño es igual de importante para la salud”, puntualizó la profesional.

En la oportunidad Bonatti sostuvo que, si bien las alteraciones en el sueño producto del cambio de horario pueden hacerse presente en muchas personas, existen grupos que son más vulnerables a estos cambios, como los niños y adolescentes. “Por su naturaleza biológica, los adolescentes tienden a despertarse dos o tres horas más tarde que los adultos, lo que agrava el déficit de sueño que ya padecen, y el cambio de horario empeora esta situación, afectando negativamente su descanso, rendimiento y estado de ánimo. Además, los niños pequeños y en edad escolar también se ven afectados, ya que tienen horarios de sueño más rígidos, lo que puede causar irritabilidad, dificultades para mantener la atención y problemas para dormir y levantarse a la hora habitual”, sostuvo.

Ante posibles desajustes en el ritmo circadiano, la profesional enfatizó en la necesidad de incorporar algunas acciones y hábitos que puedan facilitar la adaptación al nuevo horario. “Entre ellas encontramos ajustar de manera gradual los horarios, es decir acostarse y levantarse 15 minutos antes días previos al cambio; aprovechar la luz natural pues exponerse al sol en las mañanas ayuda a sincronizar el reloj biológico; evitar siestas prolongadas; mantener una rutina relajante antes de dormir, como leer, meditar o tomar una ducha tibia.

Otras recomendaciones dadas por la profesional se relacionan con fomentar una buena higiene del sueño, mediante acciones como eliminar el ruido y la luz de la habitación para inducir de mejor manera el descanso; eliminar el consumo de cafeína, alimentos ricos en sodio y el alcohol antes de acostarse; mantenerse hidratado durante el día; evitar el uso de fuentes de luz a altas horas de la noche (computadoras, teléfonos móviles) que suprimen la secreción de melatonina; y mantener los rituales de sueño en el caso de los niños, como por ejemplo, leerles un cuento, atenuar las luces, con la finalidad de reforzar sus señales naturales de sueño.

Fundación Salud Circular llama a prevenir la soledad no deseada y sus graves efectos en la salud

Depresión, demencia, enfermedades cardiovasculares y muerte prematura son solo algunas de las consecuencias que la soledad sostenida puede provocar en la salud física y mental, especialmente en personas mayores. Salud Circular llama a enfrentar este fenómeno con políticas públicas, intervenciones comunitarias y apoyo familiar.

La soledad no deseada no es solo un tema que genere efectos emocionales en las personas, sino que es también un problema de salud pública con impactos concretos y devastadores. Quienes viven en contextos prolongados de desconexión social presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar enfermedades como depresión, ansiedad, deterioro cognitivo, presión arterial elevada, inflamación crónica y hasta muerte prematura. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 871.000 muertes al año, en el mundo, están relacionadas con la falta de vínculos sociales.

Según información proporcionada por la Fundación Salud Circular, la evidencia científica demuestra que el aislamiento social incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, diabetes tipo 2 y debilita el sistema inmunológico, haciéndolo más vulnerable a infecciones. En el ámbito neurológico, la soledad prolongada se asocia al desarrollo de demencia, afectando de forma transversal diversos sistemas del cuerpo humano.

Sandra Lanza Sagardia, presidenta de Salud Circular, médica y especialista en Medicina del Estilo de Vida, señala que la soledad también genera un impacto en la adherencia a tratamientos médicos. “Las personas solas tienden a postergar o abandonar sus controles de salud, muestran menor motivación para mantener hábitos saludables y enfrentan más dificultades para sostener cambios conductuales. Por el contrario, las redes sociales sólidas han demostrado actuar como verdaderos factores protectores para la prevención y el tratamiento de enfermedades”, sostuvo la profesional.

Frente a este panorama, la especialista destacó acciones que pueden ayudar a revertir las consecuencias de la soledad no elegida, entre ellas intervenciones clínicas como la terapia cognitivo-conductual, y estrategias comunitarias como grupos de caminata, lectura, voluntariado o actividades intergeneracionales, todas orientadas a crear espacios donde las relaciones significativas puedan florecer. También se valoran las herramientas tecnológicas como videollamadas y plataformas de apoyo virtual.

La soledad en las personas mayores

Carla Bonatti Paredes, enfermera y vicepresidenta de la fundación señala que las personas mayores son quienes enfrentan con mayor crudeza los efectos de la soledad. Factores como la pérdida de seres queridos, enfermedades crónicas, problemas de movilidad o precariedad económica agravan su aislamiento. Esta desconexión se ha vinculado directamente a un aumento del 50% en el riesgo de demencia, del 30% en enfermedades cardiovasculares y del 25% en la probabilidad de muerte prematura.

“La soledad también favorece conductas de riesgo como el sedentarismo, el tabaquismo y el consumo de alcohol, además de impactar negativamente en el bienestar subjetivo. Estudios internacionales revelan que incluso puede estar asociada al aumento de pensamientos suicidas, especialmente en hombres mayores de 85 años”, indicó.

Respecto a las señales que pueden alertar de posibles situaciones de riesgo, la profesional sostuvo que muchas de ellas pueden manifestarse de manera sutil, como cambios en el apetito, problemas de sueño, tristeza persistente, pérdida de interés en actividades o dificultades de memoria. Por eso, el rol de la familia es clave. La atención afectiva, la comunicación constante y el involucramiento de las personas mayores en la vida familiar son formas efectivas de mitigar la soledad.

La familia es la principal fuente de apoyo social y emocional para las personas mayores. Los miembros de la familia pueden ayudar a combatir la soledad de diversas maneras. Es fundamental mantener una comunicación regular y abierta con las personas mayores. Esto puede incluir llamadas telefónicas, visitas en persona, videollamadas o incluso mensajes de texto. No hay mayor alegría para una persona mayor que recibir la atención de quienes ama.

Otras estrategias pueden ser: involucrar a las personas mayores en la vida familiar a través de la solicitud de consejos, reconocer su experiencia y sabiduría; apoyar su independencia, permitirles tomar decisiones y desarrollar actividades; ayudarles a encontrar un sentido de propósito, para sentirse útiles y valorados.

Salud Circular llama a prevenir las enfermedades cardiovasculares con prevención e incorporación de hábitos saludables.

En el mes del corazón, la fundación llama a las personas a mantener una alimentación balanceada, propiciar momentos de descanso, ejercitarse frecuentemente y aprender a manejar el estrés para evitar padecer este tipo de patologías.

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en Chile y en el mundo. Las estadísticas muestran que más de una cuarta parte de los fallecimientos registrados en el país tienen su origen en este tipo de enfermedades, decesos que podrían evitarse con la incorporación de hábitos saludables y la asistencia regular a controles médicos para prevenir o detectar a tiempo el desarrollo de estas patologías.

Diversos son los factores que pueden gatillar el surgimiento de las enfermedades al corazón. Si bien la mayoría de las personas asocian estas enfermedades a una mala alimentación, al sedentarismo y hábitos nocivos como el consumo de alcohol y el tabaco, existen factores emocionales y del entorno que también pueden gatillarlas.

Para la Dra. Sandra Lanza, presidenta de la Fundación Salud Circular la prevención y la incorporación de hábitos saludables de manera diaria es vital para mantener un corazón sano. Igual de importante es cuidar la salud emocional, mediante acciones que disminuyan el estrés, promuevan el descanso y contribuyan al bienestar psicológico de las personas. “La salud emocional es un componente clave en la prevención, desarrollo y tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. Promover el bienestar psicológico y manejar adecuadamente el estrés y trastornos emocionales representa una estrategia fundamental para la salud cardiovascular. Por ejemplo, el estrés crónico, la ansiedad, la depresión y emociones negativas como la ira y la hostilidad pueden aumentar la presión arterial, provocar inflamación en las arterias y alterar la función del sistema nervioso autónomo, elevando el riesgo de enfermedades cardiovasculares como cardiopatía isquémica, infarto y accidentes cerebrovasculares”, señalo Lanza.

Por su parte, Carla Bonatti, enfermera y vicepresidenta de la fundación señaló que estudios como el Lifestyle Heart Trial han demostrado que los cambios en el estilo de vida pueden detener la progresión de la enfermedad cardiovascular e incluso revertirla. “Estudios demuestran que incorporar hábitos saludables reducen las placas ateroscleróticas y disminuyen eventos cardiovasculares. De ahí la importancia de llevar una alimentación rica en vegetales, legumbres, granos integrales, semillas y frutos secos; incorporar el movimiento a la rutina diaria, gestionar el estrés con pausas, con respiración consciente y con el establecimiento de relaciones positivas”, enfatizó.

Síntomas a los que hay que prestar atención

Entre los síntomas que podrían indicar patologías al corazón están los dolores de cabeza intensos y persistentes, mareos y vértigo, dificultad para respirar, visión borrosa o cambios en la vista, dolor en el pecho o palpitaciones, náuseas, vómitos y fatigas inusuales, hemorragias nasales, entre otros.

En situaciones más complejas la sintomatología incorpora dolor, presión o molestia en el centro del pecho, en brazos, hombro izquierdo, cuello, mandíbula, espalda o estómago, mareos o sensación de desmayo, y sudores fríos y palidez.

En situaciones de mayor gravedad, que podrían indicar la presencia de un ACV, los síntomas a presentar son: debilidad, entumecimiento o parálisis repentina en la cara, brazo o pierna, especialmente en un solo lado del cuerpo; dificultad para hablar o entender el lenguaje, incluyendo confusión o dificultad para expresarse; problemas repentinos de visión; dificultad para caminar, pérdida de equilibrio, mareos o falta de coordinación; pérdida de memoria, dificultad para pensar o cambios emocionales y de comportamiento y problemas para tragar o controlar esfínteres.